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Mujeres

 

Guerreras formadas en fuego que se queman por dentro. No hay peor crítica al trabajo y la actitud femenina que otra mujer. Y no necesariamente es por envidia, son muchas las razones que influyen para que el género se haga daño entre sí.

Algunos analistas, sociólogos e historiadores afirman que es el hombre el principal promotor de las riñas entre mujeres, que lo hacen para evitar que el género femenino se fortalezca y los venza definitivamente.

Y seguramente la religión manipulada tuvo mucho que ver.

La sumisión tiene más que ver con el miedo aprendido pero ayuda el continuo lavado de cerebro. La sumisión tiene también que ver con causas físicas, genéticas, de instinto… las mujeres tienen hijos y eso las obliga a ubicarse en segundo lugar, lo que muchos hombres –sin educación– aprovechan para ejercer sobre ellas su poder. Miserables.

Pero el mayor reto de las mujeres no es granjearse el apoyo de los hombres, para que ellos, en su graciosa concesión, les otorguen más espacios de poder. No.

Lo imprescindible es lograr superar las reticencias de unas contra otras y definir un proyecto feminista en aras de asumir lo que en justicia les pertenece. Incluyendo en ese plan todo lo que significa ser mujer, sin renunciar a nada. Ni a la maternidad, ni a la sensibilidad… ni a la agudeza crítica que les caracteriza.

Exorcizar a los demonios, domarlos e integrarlos si es que son males absolutamente necesarios. Definir con qué se quedan y qué debe irse. Y ejercer el poder en lugar de negociarlo, porque después de todo, en la mujer descansa la continuidad de la especie.

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