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Hipocresía indignante de EU

 

Los abusos contra niñas y niños migrantes en Estados Unidos documentados por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos oficializan lo que fue una más de las evidentísimas hipocresías del vecino país del norte, el doble discurso a favor de los derechos humanos con el que arengan contra países en los que tienen intereses mientras que, a nivel local, lastiman cotidiana e implacablemente a los más vulnerables manipulando el recurso de “la ley”.

Y la única ley que sirve, es, claramente, la que dicta Estados Unidos. Aquella que determina ahorcar comercialmente a países como Cuba porque no respetan las garantías de sus ciudadanos, o entrometerse políticamente en países como Irán e Irak porque sus gobiernos son autoritarios y (otra vez) atentan contra los derechos fundamentales de sus ciudadanos…

Pero solo los ciudadanos estadounidenses son los beneficiados, los protegidos con la ley del temible “tío Sam”, ciudadanos de cualquier otro país y, especialmente, de países con economías emergentes o en franca depresión son tratados como basura, y ahí sí, los estadounidenses se sienten con el pleno derecho de hacerlo. Ellos sí. Y sí porque tienen el poder.

Los maltratos, discriminación, racismo, la falta de respeto a la vida de los migrantes, los intentos de homicidio y los francos asesinatos contra indocumentados por parte de estadounidenses (en su inmensa mayoría, agentes fronterizos) son conocidos, comentados, analizados, exhibidos por ciudadanos, periodistas y activistas, sin que la fecha alguna organización internacional de relevancia hubiese hecho eco. Hasta hace unos días, que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) retomó las denuncias de agrupaciones de derechos humanos y realizó una investigación de campo.

Los resultados: Que más de 90 mil niños cruzan la frontera sin acompañantes y son detenidos. En esas detenciones, realizadas por la patrulla fronteriza, los niños son sometidos a condiciones infrahumanas por más de 72 horas, el periodo legal máximo de detención. Además, el acceso agua potable y comida es limitado; de igual manera, viven en celdas insalubres, no cuentan en muchos casos con cobijas y no se les proporciona un trato digno… Como agravante, centenas de menores han aceptado ser víctimas de agresiones verbales, físicas y sexuales por parte de los agentes.

Las y los niños migrantes viven un calvario permanente desde su lugar de origen, en el trayecto y en el lugar de destino… primero huyen de una situación familiar lamentable, luego de las extorsiones y el crimen organizado, del reclutamiento… para, al arribar por fin a Estados Unidos, seguir siendo víctimas de innumerables abusos por parte de aquellos que se dicen los defensores del mundo: los estadounidenses.

Mientras, México verá pasar los abusos y, para disimular, emitirá un par de discursos… Pero lo que se exige son acciones concretas del gobierno mexicano para frenar los graves y cotidianos maltratos contra los menores connacionales, ya la CIDH dio el primer paso.

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