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¿Libertad de prensa?

 

La prensa nació para dar voz a los que no la tienen, para exhibir los abusos de los que detentan el poder, para forjar un equilibrio entre gobernantes y gobernados a partir de la vigilancia constante que los periodistas realizan hacia las diversas áreas del poder público y privado. Sin embargo, los retos son muchos, y van desde los corrientemente llamados “chayotazos” hasta los asesinatos a nuestros compañeros por parte de aquellos cobardes que, abiertamente delincuentes, se manchan las manos con la sangre de aquellos que, literalmente, dejan su vida informando.

Quienes trabajan en los medios distan mucho de ser perfectos… nada más alejado. La mayoría son responsables en el ejercicio del oficio porque su vocación es social; ya sea ante un micrófono, detrás de las pantallas o las páginas de prensa. La prensa nació para ayudar y porque la injusticia duele.

Pero el idealismo tiene que sobreponerse a la ingenuidad y enfrentarse a las reales luchas de intereses políticos y económicos que también se dan en los medios.

Pero los periodistas también apuestan a la inteligencia de la ciudadanía, al hecho de que los ciudadanos pueden discernir y decidir con qué información se quedan y cuál desechan; a quién le creen y quienes definitivamente se hacen merecedores de toda su desconfianza.

Los medios nacionales en México son terriblemente cuestionados por su absoluta vinculación al poder, los ciudadanos señalan con toda razón, lo evidente: hay un maridaje entre las grandes cadenas y los gobiernos, cuyo vínculo se establece a partir del dinero… de miles de millones.

Nadie en su sano juicio cuestiona que los medios son un negocio, lo cuestionable es que sean únicamente un negocio y, que en aras de los cañonazos de billetes, se olviden de la verdad, y tergiversen, oculten o descaradamente mientan.

México y Oaxaca tienen muchas carencias que son producto de una pésima administración pública. Quizá el mayor cáncer en el país, en el estado, es la impunidad, impunidad que provoca injusticia. Cierto es que la pobreza se castiga muchas veces con cárcel, con analfabetismo, con violencia, con discriminación.

El crimen organizado, la corrupción, la violencia sistemática contra los más vulnerables, pasan por fuerza por aquellos que luchan por representar políticamente a los ciudadanos, por tener la “oportunidad” de ser presidentes, gobernadores, ediles, legisladores… De manera triste y desafortunada, la inmensa mayoría de ellos se olvidan de sus “ideales” ni bien llegan al poder…

Cierto, hay unos pocos que sí luchan por la gente, que de verdad trabajan y que desquitan su salario como diputados, o presidentes municipales…

Pero la inmensa mayoría no. Su única necesidad es el poder, y aspiran a él para servirse cuando lleguen, no para servir. Están enfermos de ambición y además son mentirosos, rateros, corruptos, encubridores y algunos, francos delincuentes.

Los periodistas los conocen, los denuncian, los acosan con preguntas incómodas… Del mismo modo, investigan asuntos que a veces son demasiado graves y cuyos vínculos llegan a las más altas esferas… entonces los periodistas mueren, porque los negocios alcanzan magnitudes capaces de terminar con empresas y carreras.

A veces es el mismo medio quien se pone la mordaza, pero nunca por gusto. A veces, los periodistas son amenazados y de las amenazas pasan a las agresiones que lastiman incluso a quienes forman parte del entorno familiar…

El próximo sábado se conmemora en México el Día de la Libertad de Expresión, instaurado en 1951 por el gobierno del Presidente Miguel Alemán Valdez. Pero los periodistas en México tienen más retos que celebraciones. En los estados azotados por la violencia del narcotráfico, quienes asesinan son mafiosos; en entidades como Oaxaca, los enemigos tienen autoridad pública… y no necesariamente “matan” físicamente, pero su sed de poder atenta contra la libertad de prensa. Una prensa que es fundamental para que Oaxaca logre un desarrollo en justicia y no continúe en las garras de la marginación.

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