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Mujeres presas

 

“El sistema penitenciario se organizará sobre la base del respeto a los derechos humanos, del trabajo, la capacitación para el mismo, la educación, la salud y el deporte como medios para lograr la reinserción del sentenciado a la sociedad y procurar que no vuelva a delinquir, observando los beneficios que para él prevé la ley. Las mujeres compurgarán sus penas en lugares separados de los destinados a los hombres para tal efecto”. Artículo 18 de la CPEUM, segundo párrafo.

Para cualquiera que lea la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos es evidente que muchas de sus principales leyes no se cumplen. Empezando por el artículo primero.

En materia de justicia, en México la justicia no es ciega: tiene precio. Se hace evidente en los juzgados, cuando los grandes bufetes de abogados sencillamente evitar que la ley alcance a quien puede pagar por ese privilegio.

Por el contrario, quienes ejercen la ley lastiman a todos aquellos que nunca han escuchado que tienen derechos, violando con todo dolo (o por simple apatía) las normas que, en teoria, protegen a pobres y ricos por igual.

La inmensa brecha de desigualdad que se sufre en Oaxaca hiere de muerte a los más vulnerable, entre ellos, a las mujeres que justa o injustamente cumplen una condena en cualquiera de las 15 cárceles de la entidad.

En total, en México hay 102 prisiones que recluyen a 12 mil 690 mujeres.

Ayer, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos dio a conocer un informe del estado de las reclusas en el país. Las cifras son tristes y alarmantes… Y Oaxaca aparece como una de las entidades con mayores irregularidades.

De acuerdo con el informe, las cárceles de mujeres en México son “reinos paralelos gobernados por mafias donde se abusa, extorsiona e incluso se prostituye a las presas que mayoritariamente viven hacinadas, con grandes carencias de higiene y alimentación, entre violaciones constantes de sus derechos”.

¿A qué se enfrentan las mujeres en los penales? Abusos sexuales y cobros por parte de “gobiernos paralelos” de presos vinculados con el crimen organizado, deficiente alimentación ehigiene, fallas en acceso al servicio médico o la atención a los niños, malos tratos.

Siguiendo el informe en 51 centros las mujeres viven hacinadas, duermen en el suelo entre cucarachas, chinches y ratas, y en otras 20 prisiones son obligadas a prostituirse, otras tienen celdas privadas con televisiones de plasma, microondas, refrigeradores y teléfonos celulares.

Oaxaca junto a Guerrero, seguidos del Estado de México, Puebla, Sinaloa y Michoacán son los centros que mayores irregularidades presentan.

Las mujeres reclusas sufren la mafia del autogobierno al interior de las cárceles, que se ha denunciado hace por lo menos diez años sin que autoridad alguna pueda remediarlo.

Así pues, es un rotundo fracaso el espíritu que impulsó el segundo párrafo del artículo 18 constitucional.

¿Es sorprendente?

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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