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Sufrir no importa para recibir atención médica en el Civil

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Sufrir no importa para recibir atención médica en el Civil (Especial)

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Cientos de personas padecen por falta de recursos el hambre que implica la estancia a las afueras del hospital, donde esperan información sobre sus pacientes

LILIANA VELASCO

“Diosito ¿por qué me haces esto?, cúrame, ya no aguanto”, fueron las palabras que Camilo escuchó de su hijo Kevin mientras sufría la neumonía que precedió al diagnóstico de leucemia que le realizaron en el hospital general Doctor Aurelio Valdivieso. Desde ese momento decidió quedarse en Oaxaca y hacer todo lo que estuviera en sus manos para que mejorara la salud de su hijo.

Kevin ahora tiene 14 años, pero desde hace cinco su vida se llenó irremediablemente de quimioterapias, medicamentos y consultas.

Con la esperanza de que Kevin sane, a Camilo no le importó dejar su hogar y trabajo en Merced del Potrero, San Miguel del Puerto, Pochutla. “Importa más la salud de mi hijo que lo material”, expresa.

A su esposa y cuatro hijos empezó a visitarlos cada mes para evitarle a Kevin sufrir más, después de sus quimioterapias, durante las 10 horas que tienen que viajar en autobús para llegar a su casa, pero también por falta de dinero.

Camilo decidió quedarse con su hijo en la Estancia Fraternidad Bivaldo Ramos Martínez porque ahí encontró cama, comida y trabajo.

Esta decisión permitió a Kevin sobrevivir el cáncer, pues de acuerdo con su papá, durante cuatro años ha conocido más de 20 casos de infantes que no tuvieron final feliz por falta de dinero para los tratamientos y porque no pueden comprar los medicamentos contra el cáncer que últimamente escasean en el Aurelio Valdivieso.

Es sólo una breve historia de las 300 o 400 personas de escasos recursos económicos que diariamente llegan de las ocho regiones de Oaxaca a buscar atención médica y en esa búsqueda sufren falta de alimentación, de un lugar para hospedarse y de dinero, mientras esperan que sus enfermos mejoren en el hospital que oficialmente es de 180 camas pero que acepta hasta 250 internos.

Alrededor del hospital, con 51 años de servicio, sobran los negocios que ofrecen comida, sin embargo, aunque compren el almuerzo, la comida o la cena más baratos, los familiares necesitan más de 100 pesos diarios para alimentarse.

Hace tres meses fue inaugurada una sala de espera techada, en la explanada de la entrada principal del Hospital, porque el módulo que se instaló tras quitar los parabuses el 23 de diciembre de 2015 no era esperanzador.

“Estamos más seguros porque cierran y entran sólo los familiares de los enfermos, se siente menos frío pero falta más espacio”, opinó un señor.

Los trabajadores del hospital más grande de Oaxaca retiraron las estructuras, lonas y cartones con que muchos improvisaban un espacio para descansar o cubrirse del frío o la lluvia, porque aumentaban los robos y ya hasta había quienes cobraban por derecho de piso. ¿Quiénes eran?, no se supo, dice el secretario general de la Subsección 07 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Secretaría de Salud del Hospital Civil, Carlos Alberto Pérez Bautista. También se liberó el carril destinado a las ambulancias.

Sin embargo, diariamente hay decenas de personas, sobre todo mujeres, que tienen que esperar en esa área de urgencias hasta obtener información sobre los cuidados de sus familiares.

“No me voy a mover de aquí porque tengo que estar pendiente de mi bebé, el doctor me dijo que espere cerca de la puerta por si me necesitan, ya no hay dónde sentarse pero no importa”, dijo una mamá con la esperanza de volver a abrazar a su hijo.

Los cartones, petates, colchonetas y cobijas que se vuelven cama siguen viéndose en este lugar porque los familiares no dejan a sus enfermos hasta saber que están bien.

En este año, el nosocomio pidió a la Estancia Fraternidad reciba a quienes no puedan aportar los 20 pesos de cuota a cambio del apoyo simbólico que otorga el programa de Beneficencia Pública, pero al ser el único albergue en el estado que ofrece cama, alimentación tres veces al día, baño y agua es insuficiente.

La esperanza de estas personas de volver a convivir con sus seres queridos se siente y se ve, sufrir de hambre o de frío mientras esperan, es lo que menos importa, porque siempre habrá mejores momentos.

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